martes, 20 de julio de 2010

En las sombras (Le Jardin de Luxembourg)

Fontaine dans le Jardin de Luxembourg · Paris - France
Se adivina un señor sentado que reflexiona, quizá, sobre la vida, inspirado por el chorro frío y luminoso de la fuente. Los pájaros beben la luz líquida de la tarde y luego la distribuyen por el aire en trinos amigables o amenazadores que caerán sobre el mismo depósito verdoso del que partieron. Un ciclo de Camus, entretenido y absurdo.

Nada más.

Sólo gravita, como una nube de sílabas y polvo verde, el murmullo de las hojas de los sauces. Al fondo tenemos un obelisco, que pincha, sin querer, una vez y otra, la tertulia vana de los árboles del parque. Pero no caen palabras ciertas a la tierra. Solamente eses.

Nada más.

La silueta de un joven que teclea un aparatito plateado y no piensa en nada, si no es en las semejanzas de sus ciberamigos con las estatuas que circundan la fuente fría. Y pone atención a los sauces, mientras cuentan, como casi siempre, lo que uno quiere escuchar.

Nada más.

Ignorar e importar son dos significados antagónicos para terminar camuflados en una cadena fonética tan borrosa. Y tan verde. Vuelve el chico la vista al mensaje de su amiga, que reluce en la cuadrada luz del aparatito de plata. Después mira el múltiple ojo taladrado del coro de estatuas. Desconsolado, refresca su vista en el chorro frío de la fuente.

Nada más.

Ilumina la escena el surtidor de luz de una fuente que no dice nada. Que parece que aplaude y no dice nada. Que quizá nos silba, pero no dice nada. Que emborrona aún más la nube fónica de las plantas, a merced del viento. 

De la imaginación.

Nada más.

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